Mucho se habla sobre esta tendencia y se ha convertido en la mejor fórmula para resolver tanto espacios residenciales como públicos. Lo cierto es, que no siempre la reducción de elementos y la abstracción es lo que nos permite explorar sensaciones en un lugar.
Este movimiento surge en Estados Unidos, en respuesta a la época del POP ART, del dinamismo del color presentes en el arte; nos habla de una sociedad que entró a una nueva búsqueda, la de crear espacios sobrios con un mínimo de elementos, expresando órden y elegancia. La pregunta es ¿Puede el Minimalismo plasmar los rasgos de nuestra cultura, tan diferente a la americana? Puede ser, en algunas ocasiones, y en otras adaptamos sus principios a nuestra cultura: recuperando la masividad del color pero empleandola en cantidades pequeñas y elementos simétricos, contrastandolos y exhaltando, ¿porque no? eso tan único que nos define como una cultura rica y fantástica.
Si decoras un espacio pensando en hacerlo minimalista, busca llenarlo un poco de tu color predilecto, puede ser en un elemento central, como una mesa o una serie de repisas, los colores neutros son excelentes acompañantes del rosa mexicano, del naranja arcilla, del verde y de amarillos vibrantes y alegres. Si te consideras una persona muy sobria, puedes agregar toques de color en menor grado, pero siempre llenando de vida el espacio; recuerda que el blanco es maravilloso pero puede saturarte si no va acompañado de otros colores.
Si eres fan del Minimalismo puro, te recomiendo visitar la obra de Philip Johnsson, Richar Meier y Mies Van der Rohe; en una de las obras cumbres de éste último, en el interior, posee pocos elementos pero impregnados de colores verde jade, tapicería color café y unas magníficas sillas blancas obras del mismo arquitecto.

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